por DPArquitectura 22 de septiembre, 2026
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La eficiencia energética se está consolidando como uno de los factores que influirá en la evolución del mercado residencial durante los próximos años. Más allá del ahorro económico o de la reducción de emisiones, las nuevas exigencias europeas apuntan a que el comportamiento energético de las viviendas tendrá una relevancia creciente en su valoración y competitividad.

Este cambio viene impulsado por la nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD), que establece objetivos concretos para reducir el consumo energético del parque inmobiliario de los Estados miembros. La Directiva (UE) 2024/1275 fija una reducción del consumo medio de energía primaria del parque residencial de al menos un 16% en 2030 y de entre un 20% y un 22% en 2035 respecto a los niveles de 2020. Además, al menos el 55% de esta disminución deberá lograrse mediante la rehabilitación de los edificios con peores prestaciones energéticas.

Según explica Guillermo Santos, arquitecto director del estudio Ábaton, la eficiencia energética va más allá de la incorporación de tecnologías más avanzadas. “Una vivienda eficiente no consiste simplemente en instalar sistemas que consuman menos, sino en diseñar espacios que necesiten menos energía para ofrecer mayores niveles de confort”, señala.

Un parque residencial envejecido frente a la nueva normativa

La adaptación será especialmente relevante en España debido a las características de su parque residencial. De acuerdo con el último informe sobre certificación energética elaborado por el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) y el Ministerio para la Transición Ecológica, correspondiente a diciembre de 2022, más del 80% de los edificios existentes certificados se sitúan en las categorías energéticas E, F o G, las menos eficientes de la escala.

La situación contrasta con la vivienda de nueva construcción. Del total de 144.761 certificados analizados en el informe, más del 80% de las promociones nuevas obtuvo calificaciones A, B o C, mientras que las categorías F y G apenas representaron el 1,6%.

Esta diferencia refleja el desafío que supone modernizar gran parte del parque inmobiliario existente y anticipa una mayor importancia de la eficiencia energética como criterio de valoración de los inmuebles.

Un factor cada vez más relevante para propietarios y compradores

Tradicionalmente, aspectos como la ubicación, la superficie útil o la calidad constructiva han sido determinantes en el precio de una vivienda. Sin embargo, la creciente exigencia normativa y el aumento de los costes energéticos están añadiendo nuevos elementos de análisis.

Javier de Montero, arquitecto director de ÁBATON, considera que las viviendas capaces de mantener el confort interior con una menor demanda energética partirán con ventaja. “Una casa que requiere menos energía para climatizarse y aprovecha adecuadamente factores como la orientación o la ventilación natural tendrá un valor diferencial frente a otra con mayores necesidades de consumo”, apunta.

La arquitectura pasiva, clave para reducir el consumo

Los expertos subrayan que la mejora de la eficiencia energética no depende únicamente de los sistemas de climatización o de la incorporación de energías renovables. Decisiones adoptadas en la fase de diseño, como la orientación del edificio, el nivel de aislamiento, la ventilación cruzada, la protección solar, la inercia térmica o la selección de materiales, pueden condicionar el comportamiento energético de una vivienda durante toda su vida útil.

Entre los ejemplos de este enfoque se encuentra Casa Arces, ubicada en Aravaca, un proyecto que combina una estructura de madera CLT, patios interiores que favorecen la ventilación cruzada, sistemas de climatización de bajo impacto y una orientación diseñada para optimizar el aprovechamiento de la radiación solar en invierno.

Desde ÁBATON destacan que la prioridad debe ser reducir la demanda energética antes de recurrir a soluciones tecnológicas. “Una vivienda bien orientada, correctamente aislada y con una ventilación adecuada puede alcanzar elevados niveles de confort utilizando considerablemente menos energía”, explican.

Una transformación estructural del sector residencial

La nueva legislación europea plantea una transformación de largo recorrido para el sector inmobiliario. El objetivo no es únicamente cumplir con los estándares energéticos exigidos por la normativa, sino impulsar un modelo residencial más eficiente y sostenible desde su concepción.

En este contexto, aspectos como el diseño bioclimático, la relación de la vivienda con su entorno, la elección de materiales y la reducción del consumo energético durante toda la vida útil del edificio se perfilan como elementos cada vez más relevantes tanto para promotores como para propietarios y compradores.

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