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El Congreso Mundial de Arquitectura en Barcelona dejó una lectura útil para el sector: menos crecimiento extensivo y más foco en renovación urbana, BIM e IA.
La industrialización de la construcción, la rehabilitación del parque edificado y la integración de tecnología en el diseño y la ejecución centraron parte del debate del Congreso Mundial de la Arquitectura celebrado en Barcelona. En la mesa redonda Entorn a Gaudí, organizada el 3 de julio en el Colegio de Arquitectos de Cataluña, arquitectos y académicos de España y China compartieron su visión sobre la evolución del sector en el país asiático, con especial atención a los cambios en el modelo de crecimiento, la construcción modular, la digitalización y la regeneración urbana.
Uno de los datos destacados de la sesión fue el peso de la construcción industrializada en China, que, según expuso el profesor de UIC Barcelona School of Architecture Josep Miàs, representa ya el 30% de las nuevas construcciones del país. Miàs subrayó la diferencia de escala respecto al mercado europeo y describió un modelo basado en cadenas de montaje con módulos interconectados, apoyado en procesos de prefabricación avanzados. En este contexto, apuntó también al uso extendido de Building Information Modeling, BIM, como herramienta habitual en grandes infraestructuras. Según explicó, en China el modelo digital del edificio se utiliza como réplica dinámica de la obra y se ha convertido en un estándar en proyectos de gran envergadura.
La mesa puso además el foco en un cambio de etapa dentro del mercado chino de la edificación. Liu Yulong, presidente y arquitecto jefe de la Universidad de Tsinghua, defendió que el país está dejando atrás la fase de crecimiento acelerado para entrar en un ciclo más orientado a la rehabilitación, la mejora del espacio público y una arquitectura más atenta al detalle. En su intervención, señaló que el desarrollo futuro pasa por incorporar nuevas estrategias urbanas, entre ellas la recuperación de edificios existentes y la creación de micro parques en el tejido urbano consolidado. También advirtió del aumento de edificios de oficinas y áreas comerciales infrautilizadas tras la pandemia, un fenómeno que, a su juicio, refuerza la necesidad de abandonar la lógica de la construcción masiva.
Desde la perspectiva profesional, el interés del caso chino no se limita al volumen de obra, sino a la transformación de los perfiles vinculados al sector. Miàs apuntó que una parte creciente de los estudiantes de arquitectura en China está orientando su carrera hacia ámbitos como la robótica, en un contexto en el que la resolución de problemas como el acceso a la vivienda ya no se plantea solo desde el diseño arquitectónico, sino también desde la energía, la biología o las telecomunicaciones. A su juicio, esta evolución obliga a revisar el papel de la arquitectura y a entenderla como una disciplina conectada con la tecnología, la producción y la gestión de datos.
En esa misma línea, el profesor defendió que en China la inteligencia artificial se está incorporando al trabajo arquitectónico con una lógica más instrumental que ideológica, como una herramienta integrada en los procesos de proyecto y producción. El enfoque, según trasladó, forma parte de una cultura técnica donde la automatización, la modelización digital y la optimización de recursos se entienden como parte natural de la evolución del sector.
Otro de los asuntos abordados fue la estrategia china de regeneración urbana de pequeña escala, a través de los llamados parques de bolsillo o micro parques. Yulong explicó que estos espacios verdes de proximidad se están extendiendo en distintas ciudades como fórmula para mejorar el entorno urbano, reforzar el uso vecinal del espacio público y activar nuevas dinámicas en barrios consolidados. Para Miàs, este tipo de intervenciones representa un modelo de actuación más “quirúrgico”, vinculado a la renovación del tejido existente y a una forma de urbanismo menos expansiva.
La sostenibilidad también apareció ligada a la regulación y al desempeño del edificio. Yulong recordó que en China el aislamiento térmico de los edificios está regulado por una normativa nacional para todas las nuevas construcciones y que, en los últimos veinte años, el país ha avanzado en medidas relacionadas con el control solar y el uso de energías renovables. Aunque reconoció que persisten retos, situó estas políticas como parte de una transición desde un modelo de crecimiento intensivo hacia otro más atento al rendimiento energético y la calidad del entorno construido.
El debate abordó igualmente la tensión entre innovación y preservación del patrimonio. Miàs planteó la necesidad de revisar qué parte del legado construido debe conservarse y qué margen existe para intervenir o sustituir edificios cuando la transformación urbana lo exige. A su juicio, el debate en China sobre qué conservar y qué demoler se formula de manera más directa que en Europa, en un contexto en el que la innovación arquitectónica, la renovación urbana y la memoria construida conviven con criterios distintos a los del entorno occidental.
La sesión sirvió, en conjunto, para trasladar una idea de fondo útil para el sector europeo: el mercado chino ya no solo interesa por su escala, sino por la velocidad con la que está integrando industrialización, digitalización, rehabilitación y nuevos enfoques de espacio público. Tras la celebración del Congreso Mundial de la Arquitectura en Barcelona, el foco se desplaza ahora a Pekín, que acogerá la edición de 2029 y que, según se apuntó durante la jornada, ya trabaja en su preparación con la innovación tecnológica y urbana como uno de sus principales ejes.