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Las pérgolas bioclimáticas consolidan el exterior como estancia habitable, mejorando confort y eficiencia energética.
Durante años, terrazas, patios y jardines se proyectaron como superficies complementarias, de uso estacional y condicionadas por la climatología. El exceso de calor en verano o el frío y la lluvia en invierno limitaban su utilización, relegando estos espacios a un papel secundario en proyectos residenciales y contract.
Hoy, el enfoque ha cambiado. El espacio exterior se concibe como una extensión arquitectónica real, integrada desde las fases iniciales del proyecto. En esta evolución, las pérgolas bioclimáticas desempeñan un papel clave al permitir el control ambiental pasivo y ampliar el uso del exterior durante todo el año.
Desde Grupo Ayuso afirman que el principal obstáculo histórico del exterior ha sido el clima. La aplicación de estrategias de arquitectura bioclimática permite reducir la dependencia de sistemas activos y recuperar el confort mediante soluciones pasivas.
Las pérgolas bioclimáticas incorporan lamas orientables que regulan la radiación solar, favorecen la ventilación natural y protegen frente a lluvia o viento. Esto elimina las barreras estacionales y transforma terrazas y patios en espacios adaptables.
El resultado es una superficie utilizable de forma continuada, con impacto directo en:
Cuando el exterior deja de estar condicionado por situaciones climáticas extremas, su función cambia. Pasa de ser un área ocasional a convertirse en comedor, zona de trabajo o espacio de descanso.
Desde el punto de vista proyectual, esto implica integrar el exterior desde el inicio, condicionando:
La pérgola bioclimática deja de ser un complemento y se convierte en herramienta de diseño.
En este contexto se sitúa la pérgola bioclimática Vértika, desarrollada por Grupo Ayuso, concebida para responder a exigencias climáticas sin interferir en la coherencia formal del proyecto.
El sistema incorpora:
Además de su aportación funcional, este tipo de soluciones contribuye a la eficiencia energética del edificio. Al controlar la radiación solar y generar sombra ventilada, reducen la carga térmica sobre el interior y, en consecuencia, la demanda de climatización artificial en los meses cálidos.
La transformación del exterior en estancia habitable no responde únicamente a una tendencia estética, sino a una evolución coherente con la arquitectura contemporánea. Recuperar superficies infrautilizadas y dotarlas de confort incrementa la calidad de uso y el valor del inmueble.
Para el sector, el reto es ofrecer soluciones técnicamente solventes y arquitectónicamente integrables que permitan incorporar el exterior al proyecto desde su concepción. Solo así el espacio exterior dejará de ser residual y pasará a formar parte activa de la experiencia arquitectónica durante todo el año.