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En Castrojeriz, la Quinta San Francisco se transforma en hotel rural mediante una intervención que integra arquitectura, paisaje y memoria.
La Quinta San Francisco, situada en Castrojeriz, se transforma en un hotel rural para peregrinos y viajeros a través de un proyecto de rehabilitación y ampliación que articula arquitectura, paisaje y memoria desde una actitud de continuidad con el lugar. La intervención, firmada por Gaztelu Arquitectura, se emplaza en un entorno de alto valor histórico y paisajístico, dentro del Conjunto Histórico del municipio y directamente vinculada al trazado del Camino de Santiago, que discurre frente a la fachada principal del conjunto.
El proyecto concibe el hotel no solo como alojamiento, sino como un espacio de pausa y descanso, en diálogo con la experiencia del viaje y el paso del tiempo. La arquitectura se plantea como una infraestructura silenciosa, al servicio del habitar, capaz de acompañar al peregrino sin imponerse al paisaje ni a la memoria del enclave.
La actuación aborda la rehabilitación integral y ampliación de un conjunto edificado existente, compuesto por una edificación principal y varias construcciones auxiliares sobre una parcela de aproximadamente 5.100 m². El acceso está presidido por las ruinas del antiguo convento de San Francisco, que actúan como umbral simbólico y condicionan el carácter de la intervención.
Lejos de una operación de contraste, el proyecto propone una relectura arquitectónica sobria, basada en la coherencia constructiva y la integración precisa en el entorno rural y patrimonial. Se mantienen la volumetría existente, las cubiertas inclinadas de teja cerámica y la implantación directa sobre el terreno como elementos estructurantes.
La transformación da lugar a un hotel rural de 21 habitaciones, todas con baño propio, junto a espacios comunes de acogida, salón-comedor, áreas de estar, cocina y servicios, zona de spa y wellness, recorridos accesibles y espacios exteriores ajardinados.
La organización espacial se articula en torno a una decisión clave: orientar las habitaciones hacia un jardín central, presidido por una nogala centenaria. Este vacío estructurante ordena el conjunto, introduce luz y vistas y refuerza la relación entre arquitectura y paisaje, incorporando la vegetación y la escala del jardín a la experiencia interior.
En el volumen principal, que alberga los espacios de salón y estar, la intervención introduce una reconfiguración controlada de los huecos existentes. El rasgado preciso de las fachadas incrementa la permeabilidad visual y física entre interior y exterior, estableciendo relaciones directas con el jardín y con las ruinas del antiguo convento.
El salón se convierte así en un espacio de transición, donde arquitectura, historia y naturaleza se superponen, evitando gestos formales innecesarios y manteniendo la coherencia con la arquitectura original.
El paisaje se concibe como una extensión inseparable de la arquitectura. La ordenación exterior se apoya en los elementos preexistentes de mayor valor simbólico, que vertebran el conjunto.
La nogala centenaria organiza recorridos y visuales, introduciendo una dimensión temporal que conecta la arquitectura con la historia del lugar. El proyecto recupera además la huella del antiguo pozo del monasterio, integrada en el diseño del jardín, y la complementa con una fuente contemporánea, un “nuevo pozo” que establece un diálogo entre pasado y presente.
La sostenibilidad se aborda desde una lógica arquitectónica integrada. La mejora de la envolvente térmica, mediante sistemas SATE, optimiza el aislamiento sin alterar la imagen del conjunto. La incorporación de paneles fotovoltaicos, cuidadosamente integrados, contribuye a la producción de energía renovable y a la reducción de la huella de carbono.
Estas estrategias se completan con instalaciones de alta eficiencia, orientadas al confort interior y al uso racional de la energía, entendiendo la sostenibilidad como consecuencia de una arquitectura bien pensada, no como un añadido tecnológico.
El interiorismo prolonga los principios de la arquitectura: sobriedad, coherencia y atención al detalle. Se emplean materiales naturales y duraderos, madera, revestimientos minerales y pavimentos continuos, junto a una paleta cromática contenida que permite que la luz y la materia definan la atmósfera.
El mobiliario, diseñado a medida, se entiende como una extensión de la arquitectura, ajustado a cada espacio y uso, reforzando la unidad del conjunto y evitando elementos superfluos.
La rehabilitación y ampliación de la Quinta San Francisco propone una arquitectura serena y precisa, profundamente ligada a su contexto físico y cultural. Un lugar pensado para el descanso y la pausa, donde la arquitectura acompaña al viajero y el tiempo, el del Camino, el de la historia y el del habitar, se convierte en el verdadero material del proyecto.