por DPArquitectura 23 de enero, 2017 Detalles comentarios Bookmark and Share
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El arquitecto Oded Halaf diseña una escalera orgánica de madera tulipwood para el vestíbulo principal de la torre Amot Atrium, un edificio diseñado por el arquitecto Moshe Zur, situado en Tel Aviv. Este rascacielos de cristal cuenta con 158 metros de altura y 38 plantas dedicadas al comercio minorista. 

Una escalera escultórica construida con madera de tulipwood estadounidense se sitúa en el vestíbulo de entrada de la torre diseñado por el arquitecto Oded Halaf partiendo de una idea principal: construir una escalera en forma de tornado, una pieza escultórica que confiera movimiento e interés al vestíbulo ortogonal revestido de vidrio en sus cuatro plantas de altura. Halaf recurrió a Tomer Gelfand, un maestro artesano especializado en aportar soluciones arquitectónicas a problemas de ingeniería, para la realización de la escalera.

La estructura de la escalera está formada por dos partes convergentes: un esqueleto de metal y una cubierta escultórica construida en madera. El mostrador de recepción se concibió como el punto de inicio de la escultura de madera en espiral y está fabricado con la misma madera de tulipwood que la barandilla de la escalera. Para poder hacer realidad el proyecto, Gelfand ideó un sistema de perfiles de madera continuos que, a pesar de su apariencia fluida y flexible, son en realidad extremadamente rígidos y estables.

Tanto Halaf como Gelfand eligieron el tulipwood estadounidense para el proyecto puesto que cumplía los requisitos necesarios referentes al color. También se tuvieron en cuenta el coste, el rendimiento y la manejabilidad del material. En este proyecto se utilizaron un total de 120 metros cúbicos de tulipwood obtenidos de proveedores locales.

La Amot Atrium Tower que alberga la escalera ha obtenido la certificación LEED Platinum que acredita que ha alcanzado el máximo nivel posible de sostenibilidad y eficiencia de recursos. Resulta por lo tanto acertado que su vestíbulo incluya un elemento orgánico.

Hermosa en su estética y funcionalidad, la escalera es en realidad un balcón desde el que contemplar el vestíbulo que se extiende debajo. A pesar de que la estructura puede parecer flexible, en realidad es totalmente inamovible; una combinación de datos algorítmicos procesados y una labor artesana magistral para crear un resultado artístico inspirado en lo orgánico”, concluye Gelfand.

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