por Aranguren & Gallegos 2 de enero, 2014 Obras comentarios Bookmark and Share
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El conjunto del antiguo colegio de Santo Tomás de Alcalá, en Alcalá de Henares, Madrid, está formado por una iglesia y un claustro adosado a ella, siguiendo la traza y esquema habitual de la arquitectura conventual española. Contiguo a la edificación y ocupando el resto del solar, existe un espacio limitado por una tapia perimetral original que constituía la antigua huerta y jardín del conjunto monacal.

La obra realizada tiene como estrategia recuperar esa dualidad del edificio claustral y el espacio ajardinado vinculado a él. Es desde esta premisa de donde surge el lema de la propuesta que se presentó al concurso: construir un jardín tallado, en donde la edificación necesaria para completar el programa del nuevo parador se extenderá sin sobrepasar la altura de la tapia perimetral antigua, bajo un extenso jardín perforado, tallado por múltiples y diversos patios que generarán una interesante variedad de espacios de habitación vinculados a ellos.

La propuesta hacía desaparecer la “inevitable” nueva edificación hotelera al quedar oculta bajo el jardín de la huerta, tras la tapia que lo limita con la ciudad, y a la vez recuperaba las antiguas trazas del conjunto del colegio de Santo Tomás.

Ante la presencia de un viejo edificio se creó una nueva “atmósfera”. Hay que re-presentar (volver a poner en presente) la antigua arquitectura con mecanismos y lenguajes de nuestra cultura contemporánea. No sólo restaurar o rehabilitar, sino revitalizar.

Los arquitectos se han aproximado al antiguo colegio de Santo Tomás como doctores dispuestos a sanar y recuperar la salud de su enfermo. Mediante injertos de nueva arquitectura se han ido resolviendo las patologías existentes. Casi como en unas sesiones de acupuntura, se han utilizado, como “agujas”, fragmentos de arquitectura contemporánea para revitalizar al viejo organismo, al desmembrado edificio.

La arquitectura heredada del colegio se recupera, hasta dejarla en su estado original para, posteriormente, plantear una intervención con voluntad de contemporaneidad basada en la búsqueda del contraste, de las diferencias que ayudan a poner en valor y realzar lo ya existente: la ruina y el vidrio, la madera y el metal, la oscuridad frente a la luz…

Se trabajó con dos tiempos, lo antiguo frente a lo nuevo, en un proceso de ir descubriendo y limpiando la arquitectura que ya existe e ir decidiendo qué otras soluciones constructivas y arquitectónicas la han de acompañar y completar.

En el Parador de Alcalá operaron por superposición, casi como en una revisión romántica de la restauración; la ruina, el fragmento del pasado, se expresa y realza con la presencia de nuevos elementos contemporáneos que incorporan también nuevos materiales. Se produce el contraste, la relación figura-fondo. 

Con este espíritu, se recupera el antiguo claustro y se cierran sus arcadas con nuevas carpinterías de madera retranqueadas respecto al frente de sillares de piedra, con un lenguaje actual. Asimismo, se inserta en la escalera principal que une las dos plantas del claustro, muy deteriorada y desfigurada por sus anteriores usos, un volumen cúbico metálico negro que revitaliza e imprime un nuevo carácter a este espacio singular heredado.

La necesidad de alojar una gran superficie destinada a salones y comedores llevó a plantear duplicar el actual claustro con otro análogo y contiguo que produce una secuencia de tres salones-comedores con los dos claustros intermedios. Durante un periodo largo del año pueden ser utilizados como estancias exteriores de ampliación de los mencionados comedores. Este nuevo claustro tendrá unos frentes de carácter metálico y contemporáneo, con celosías de malla de acero que operan como filtros “conventuales” entre este nuevo patio central y los espacios exteriores continuos.

Existen unos edificios lineales construidos a finales del siglo XIX cuando el colegio de Santo Tomás fue un cuartel militar con unas fachadas de arcadas y grandes ventanales que hay que mantener, tal y como requiere su condición de edificio protegido.

No obstante, los arquitectos creen que una vez preservadas sus fachadas y crujías estructurales, las cubiertas pueden ser otras, como las horizontales que realizaron con esquema en L, optimizando el aprovechamiento de las plantas superiores, volando sobre las fachadas, ahora más valoradas por el fuerte contraste entre el ladrillo existente y el acero y vidrio de la nueva construcción. En la fachada posterior se crea una nueva piel envolvente más neutra, que opera como filtro en celosía de las habitaciones alojadas en su interior, protegidas así de la proximidad con el jardín tallado contiguo.

La solución de grandes superficies de patios y jardines, vinculados a las habitaciones del hotel, responde al deseo de ofertar unos nuevos espacios sensibles a las mayores preocupaciones medioambientales. Un edificio “horizontal y verde” frente a otra posible alternativa de edificio vertical con fachadas y en altura.

El nuevo parador quiere convertirse en un recinto que, guiado por sus trazas antiguas, ofrezca al visitante todo un abanico de espacios y sensaciones que le aproxime a un mejor entendimiento del mundo de claustros y patios de los que se compone toda la ciudad de Alcalá de Henares y, a la vez, le ponga en relación con un entendimiento contemporáneo y moderno de la arquitectura.



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